Los niños juegan con la vida, con la naturaleza. En cualquier playa con un poco de arena construyen un castillo, son grandes arquitectos, diseñan cualquier cosa ya que poseen una paleta de colores interior.
Con un piolin y un poco de cola remontan un barrilete, se sienten los mejores astronautas.
Poseen un resplandor propio capaz de guiar con un faro a los adultos que los entorpecen.
La muerte es el último país que los niños inventan.
Un niño es un solo con un piolin capaz de volar hacia la sabiduria, la consigna es siempre la felicidad...
Juan Carlos De Girolami
domingo, 14 de febrero de 2010
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